Si quieres que te vacunen, corre

Se extiende por todos los países, la gripe A, y afecta a todos los grupos de población. En el mundo ha habido más de 700 fallecimientos y miles de internamientos. En España ya hay varias decenas de personas internadas en los servicios de cuidados intensivos de los hospitales y se han ocasionado varios fallecimientos, alguno de personas no incluidas en los grupos de riesgo. Esto está sucediendo en verano. Para el invierno nos auguran un escenario mucho peor, porque el virus será más virulento. Para hacer frente a esta pandemia, en los países de nuestro entorno, como el Reino Unido y Francia, se están preparando, previendo vacunaciones masivas. Cuentan las informaciones que Francia ha comprado 94 millones de dosis de vacunas y que el Reino Unido, por ahora, va a comprar 60 millones de dosis. Así, a dos dosis por persona –la medida precisa para ser inmunizado-, estos países cubrirán a más del 60% de su población. Mientras tanto España ha encargado solo 37 millones de dosis, casi 10 millones menos que nuestra población –según el INE un poco más de 46 millones y medio de habitantes-, y no se pretende vacunar mas que a un 40%. Que viene a ser un porcentaje un pelín superior al que representa lo que los expertos llaman población de riesgo. Ahora bien, si se quisiera obtener una inmunidad casi completa, según José María Matín Moreno, catedrático de medicina preventiva y asesor de la OMS (Organización Mundial de la Salud), lo ideal sería vacunar al 60% de la población (El País 21 de julio de 2009). Con estos datos hay que preguntarse ¿qué razón impide, por precaución ante una crisis pandémica sin precedentes, vacunar a un porcentaje en España, al menos similar al de Francia y Gran Bretaña? Porcentaje que garantizaría una menor extensión de la enfermedad y que evitaría dejar a la suerte de haber sido uno de los afortunados en ser vacunado sufrirla o en última instancia poder fallecer. Sólo se nos ocurre una razón: que la vacunación masiva cuesta mucho dinero y se prefiere ahorrar. Pero, si es así, ¿qué Estado es el nuestro que es capaz da dar dinero a mansalva para financiar la última ocurrencia de nuestros dirigentes autonómicos y, sin embargo, regatea con la salud de los ciudadanos? Y si hay menos vacunas que población, ¿Cuál va a ser el criterio para su aplicación? ¿La amistad con el médico o con la autoridad de turno?, en definitiva el enchufe, o ¿será el sorteo entre los angustiados ciudadanos? Cualquiera que sea el método que se use, secará lo peor de cada uno de nosotros, las posiciones más egoístas. Porque quién va a querer dejar a sus hijos pequeños sin vacunar desde el primer momento. Todos haremos lo que esté en nuestras manos para que ninguno de los nuestros se quede sin vacunar. Ante esta situación, imagináis qué pensaran sobre el Estado los que no se puedan vacunar. Que nivel de deslegitimación alcanzará. Porque, yendo más lejos nos podemos preguntar: cuando haya el primer muerto por gripe A por falta de vacunas ¿quién asumirá la responsabilidad de esa muerte? ¿La ministra? ¿El Consejero de sanidad correspondiente? ¿Quiénes a diario derrochan, en la Administración autonómica y local, el dinero de todos en bagatelas? Pero además, a propósito de la tan traída financiación autonómica, ¿qué impediría a la Generalitat, ahora que tiene los bolsillos llenos, vacunar a toda su población mientras otras comunidades más pobres tienen que limitarse a seguir las instrucciones del Ministerio de Sanidad y vacunar sólo a la población de riesgo? De hecho en la actualidad ya hay Comunidades que tienen políticas de vacunación infantil más expansivas que otras. De nuevo la desigualdad como consecuencia de un Estado de las autonomías que se ha desarrollado al albur de las necesidades del apoyo parlamentario del partido de turno en el gobierno. Una desigualdad que en este caso va directa al núcleo más duro de los derechos fundamentales: la salud y la vida. Pero qué podemos pedir de un país que, cuando se detectó la gripe aviar, no decidió que estratégicamente era necesario tener laboratorios que pudieran producir vacunas, para obtener autonomía y seguridad médico-sanitaria. Ya que el debate obsesivo versaba entonces sobre nuestra condición de nación o de nación de naciones. En definitiva, estamos a expensas de las que se producen en otros países y de las prioridades que ellos tengan para garantizar la salud de sus poblaciones –al menos hasta que los laboratorios que por fin han decidido crear funcionen.- Confiemos que la suerte nos acompañe y que la gripe tenga a bien retrasarse en España hasta que nuestras 17 autonomías y el gobierno central tomen las medidas adecuadas. Así sea.

España a la italiana

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Cuando España entró en el año 1986 en lo que se llamaba la Comunidad Europea, los españoles soñábamos con asentar nuestra democracia y con parecernos a los grandes países europeos. Queríamos ser eficaces y rigurosos en nuestra gestión pública para conseguir una educación, sanidad, justicia e infraestructuras de calidad que nos permitieran despegar en nuestro desarrollo económico. Para sorpresa de muchos países que dudaban de nuestra capacidad de trabajo y rigor y que nos veían despectivamente como un típico país del sur, empezamos trabajando muy bien en Europa. Por ello a nuestros representantes y funcionarios les llamaban los alemanes del sur.

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