El conocimiento inútil

El conocimiento inútil es el titulo de un libro de Jean-François Revel, periodista y ensayista francés, defensor de la libertad y pensador de la democracia, publicado en el año 1988. En este libro reflexiona sobre la necesidad del conocimiento para que una democracia pueda funcionar bien. En su inicio, escribe que “este régimen, basado en la determinación de las grandes opciones por la mayoría, se condena a si mismo a muerte si los ciudadanos que efectúan tales opciones se pronuncian casi todos en la ignorancia de las realidades, la obcecación de una pasión o la ilusión de una impresión pasajera”. O sea, para que funcione correctamente es necesario que la información pretenda ser verdadera y que no se utilice como un instrumento para engañar, adoctrinar o tergiversar la realidad.

La democracia no puede prescindir de la información, que nos llega por diversos medios. Uno de los principales es la prensa, pero, como vuelve a señalar Revel, “junto a la prensa, la enseñanza, no es después de todo, más que otro aspecto de la información”. La enseñanza debe cumplir la misión básica de transmitir los conocimientos necesarios para que los jóvenes puedan elaborar sus propios juicios con independencia y responsabilidad. Pero el sistema educativo puede preferir que los profesores opten por adoctrinar en lugar de por enseñar, con el consiguiente desistimiento del juicio crítico. Así en los regimenes totalitarios se renunció a la transmisión de conocimientos para poder adoctrinar mejor a los jóvenes y de esa forma no cuestionar la ideología que los rige. Pero esta misma falta de respeto por el conocimiento de la realidad se observa, aunque sea en otro grado, en las democracias. Sobran ejemplos en España, tanto en la información (véase lo que nos cuentan de la crisis económica), como en la enseñanza, en la que hasta la lengua se utiliza al servicio de la ideología, en lugar de cómo instrumento de comunicación de conocimientos.

Revel en este libro, en 1988, en relación con el sistema educativo francés, escribió que hay “una opción deliberada, según la cual la escuela no debe tener por función transmitir conocimientos (….) La escuela debe dejar de transmitir conocimientos para convertirse en una especie de falansterio de convivencia, de lugar de vida donde se despliega la apertura al prójimo y al mundo. Se trata de abolir el criterio considerado reaccionario de la competencia. El alumno no debe aprender nada y el profesor puede ignorar lo que enseña.” Esta concepción de la escuela es la misma que impera en nuestro país. Donde se ha sustituido al profesor como autoridad con capacidad para transmitir conocimientos por un simple cuidador, cuyos conocimientos apenas importan.

Los resultados de estas prácticas han tenido y tienen consecuencias. Malas consecuencias. Dice Revel que “(….) este sistema pedagógico aniquila la gran función histórica de la escuela, su verdadera vocación democrática, que es corregir las desigualdades sociales con las desigualdades de éxito en los estudios. La ideología que la anima postula la igualdad y la identidad de todos los seres humanos. Sólo las desigualdades sociales explicarían las desigualdades de éxito en los estudios. Como la experiencia no confirma ese postulado, hay que obligarla a que lo haga, organizando el fracaso generalizado, que hace el oficio de purgatorio que permite alcanzar el nirvana de la igualdad intelectual total. Este postulado anticientífico engendra, de hecho, la escuela más reaccionaria que existe.” Y en nuestro país, en concreto, una generación peor preparada que la anterior, alejada de nuestros vecinos europeos.

Si queremos cambiar esta situación para que la escuela recupere su condición de instrumento de perfeccionamiento de la sociedad y de correctora de las desigualdades, hay que garantizar que el profesor puede cumplir con su papel de transmisor de conocimientos, lo que exige que sea seleccionado entre los mejores de su campo y que se le otorgue los medios necesarios para que pueda transmitirlos en clase. Esto es, que se le reconozca legal y socialmente autoritas.

Nota: UPyD propuso en mayo del año pasado una Ley Orgánica para reconocer al profesor su condición de autoridad en el ejercicio de sus funciones, confiemos que se pueda debatir pronto, ahora que el PP la ha copiado, y que su aprobación ayude a que sea posible la clase como lugar de transmisión de conocimientos.

Si quieres que te vacunen, corre

Se extiende por todos los países, la gripe A, y afecta a todos los grupos de población. En el mundo ha habido más de 700 fallecimientos y miles de internamientos. En España ya hay varias decenas de personas internadas en los servicios de cuidados intensivos de los hospitales y se han ocasionado varios fallecimientos, alguno de personas no incluidas en los grupos de riesgo. Esto está sucediendo en verano. Para el invierno nos auguran un escenario mucho peor, porque el virus será más virulento. Para hacer frente a esta pandemia, en los países de nuestro entorno, como el Reino Unido y Francia, se están preparando, previendo vacunaciones masivas. Cuentan las informaciones que Francia ha comprado 94 millones de dosis de vacunas y que el Reino Unido, por ahora, va a comprar 60 millones de dosis. Así, a dos dosis por persona –la medida precisa para ser inmunizado-, estos países cubrirán a más del 60% de su población. Mientras tanto España ha encargado solo 37 millones de dosis, casi 10 millones menos que nuestra población –según el INE un poco más de 46 millones y medio de habitantes-, y no se pretende vacunar mas que a un 40%. Que viene a ser un porcentaje un pelín superior al que representa lo que los expertos llaman población de riesgo. Ahora bien, si se quisiera obtener una inmunidad casi completa, según José María Matín Moreno, catedrático de medicina preventiva y asesor de la OMS (Organización Mundial de la Salud), lo ideal sería vacunar al 60% de la población (El País 21 de julio de 2009). Con estos datos hay que preguntarse ¿qué razón impide, por precaución ante una crisis pandémica sin precedentes, vacunar a un porcentaje en España, al menos similar al de Francia y Gran Bretaña? Porcentaje que garantizaría una menor extensión de la enfermedad y que evitaría dejar a la suerte de haber sido uno de los afortunados en ser vacunado sufrirla o en última instancia poder fallecer. Sólo se nos ocurre una razón: que la vacunación masiva cuesta mucho dinero y se prefiere ahorrar. Pero, si es así, ¿qué Estado es el nuestro que es capaz da dar dinero a mansalva para financiar la última ocurrencia de nuestros dirigentes autonómicos y, sin embargo, regatea con la salud de los ciudadanos? Y si hay menos vacunas que población, ¿Cuál va a ser el criterio para su aplicación? ¿La amistad con el médico o con la autoridad de turno?, en definitiva el enchufe, o ¿será el sorteo entre los angustiados ciudadanos? Cualquiera que sea el método que se use, secará lo peor de cada uno de nosotros, las posiciones más egoístas. Porque quién va a querer dejar a sus hijos pequeños sin vacunar desde el primer momento. Todos haremos lo que esté en nuestras manos para que ninguno de los nuestros se quede sin vacunar. Ante esta situación, imagináis qué pensaran sobre el Estado los que no se puedan vacunar. Que nivel de deslegitimación alcanzará. Porque, yendo más lejos nos podemos preguntar: cuando haya el primer muerto por gripe A por falta de vacunas ¿quién asumirá la responsabilidad de esa muerte? ¿La ministra? ¿El Consejero de sanidad correspondiente? ¿Quiénes a diario derrochan, en la Administración autonómica y local, el dinero de todos en bagatelas? Pero además, a propósito de la tan traída financiación autonómica, ¿qué impediría a la Generalitat, ahora que tiene los bolsillos llenos, vacunar a toda su población mientras otras comunidades más pobres tienen que limitarse a seguir las instrucciones del Ministerio de Sanidad y vacunar sólo a la población de riesgo? De hecho en la actualidad ya hay Comunidades que tienen políticas de vacunación infantil más expansivas que otras. De nuevo la desigualdad como consecuencia de un Estado de las autonomías que se ha desarrollado al albur de las necesidades del apoyo parlamentario del partido de turno en el gobierno. Una desigualdad que en este caso va directa al núcleo más duro de los derechos fundamentales: la salud y la vida. Pero qué podemos pedir de un país que, cuando se detectó la gripe aviar, no decidió que estratégicamente era necesario tener laboratorios que pudieran producir vacunas, para obtener autonomía y seguridad médico-sanitaria. Ya que el debate obsesivo versaba entonces sobre nuestra condición de nación o de nación de naciones. En definitiva, estamos a expensas de las que se producen en otros países y de las prioridades que ellos tengan para garantizar la salud de sus poblaciones –al menos hasta que los laboratorios que por fin han decidido crear funcionen.- Confiemos que la suerte nos acompañe y que la gripe tenga a bien retrasarse en España hasta que nuestras 17 autonomías y el gobierno central tomen las medidas adecuadas. Así sea.

El futuro de las pensiones (1)

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¿Qué será de nuestras pensiones? ¿Quién, en edad laboral, no se habrá hecho está pregunta tras escuchar voces cualificadas, como la del Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Ordóñez, o la del Comisario de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, alertándonos sobre la viabilidad futura de nuestro sistema de pensiones?

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