Hoy domingo 20 de noviembre celebramos elecciones en España. Unas elecciones que elegirán un parlamento del que saldrá el nuevo gobierno. Un gobierno que deberá afrontar una de las crisis más enrevesadas que ha vivido nuestro país. Pero que lo va a tener que hacer con un cambio radical del paradigma político que ha marcado el ejercicio del poder nacional hasta ahora. Ya que el poder real ha dejado de estar en las instituciones nacionales e incluso en las europeas para pasar a ser ejercido, más allá de las reglas constitucionales y legales, por quienes de hecho tienen poder substantivo.
Es sabido que Thomas Hobbes decía que “durante el tiempo que los hombres viven sin un poder común que les imponga respeto a todos, están en esa condición que se denomina guerra; y una guerra que es de todos contra todos”. Pues bien, puede que en Europa no estemos en una guerra física, pero la ausencia de un poder común institucionalizado claramente ha impuesto el poder del más fuerte Alemania -ayudado por un fiel lacayo, Francia- que está tomando decisiones que lógicamente responden en primer lugar a los intereses de ese país. Aunque a decir verdad mejor así, que la ausencia de cualquier “poder” ya que al menos hay una guía que seguir.
Estos hechos significan que lo que existía ya no vale, y que hay que plantearse nuevas instituciones que sean capaces en Europa de ejercer un verdadero poder común democrático. Por ello, en estas elecciones no sólo decidimos quienes van a gestionar la administración y los servicios públicos, sino, y es lo esencial, entre la vieja política que cree que basta con lo de siempre, sin hacer grandes reformas, o la nueva política que transciende y considera indispensable plantear ideas y propuestas para lograr institucionalizar ese poder que se ha escapado de las instituciones que hasta ahora lo aprehendían: los gobiernos nacionales y las instituciones europeas.
Hay grandes retos por delante, grandes retos que van a obligar a España a replantearnos nuestro encierro localista. Un mal que nos puede apartar, si no lo superamos, del camino que ha de recorrerse para resolver los problemas reales de los ciudadanos: desempleo, crecimiento económico, mantenimiento y mejora de los servicios públicos esenciales: educación y sanidad, seguridad, etc. Para superar el mal del localismo y contribuir en Europa a construir un nuevo poder democrático hacen falta nuevas ideas y romper el estatus quo español. Pues bien, UPyD tiene claro que la base empieza por una profunda reforma de la estructura del Estado. Sólo si arreglamos nuestra casa, podremos contribuir a forjar la común europea. Hoy es un día decisivo, no es uno más. Veremos que dicen los ciudadanos.