Manifestación reaccionaria

Ayer sábado 10 de julio de 2010, UPyD se concentró ante el Tribunal Constitucional para defender el orden constitucional.Era un día soleado y de mucho calor, pero centenares de personas se juntaron, para escuchar el manifiesto que leyó Rosa Diez. Un manifiesto pedagógico que recordaba que sin el cumplimiento de la Ley democrática y de las sentencias judiciales, tanto de aquellas que nos gustan como de las que no, no hay democracia.

Puede parecer sorprendente que en un país como España en pleno siglo XXI, tras más de 30 años de democracia, haya que salir a la calle a reclamar que se cumplan las reglas mínimas que la hacen posible. Pero, no lo es, si se constatan los acontecimientos del día a día. Entre los que destacan los de estas últimas semanas. Cuando, tras el fallo del TC sobre el Estatuto de Cataluña, la mayoría de los partidos de esa comunidad (algunos como el PSC, supuestamente parte de un partido nacional) lo han descalificado considerándolo una provocación y un atentado a la “dignidad de Cataluña”  y, cuando, el propio gobierno del Estado ha considerado posible eludir el cumplimiento del fallo aprobando leyes que impidan de facto que la sentencia del TC se aplique eficazmente.

La democracia con estos hechos está en peligro en España, pues no hay democracia si las instituciones del Estado que son quienes, en primer lugar, tienen que cumplir la Ley y las sentencias no lo hacen. Jean François Revel en su libro “Cómo terminan las democracias” (de lectura muy recomendable) deja claro que sólo una defensa activa de los valores de la democracia podrá hacer que está perviva. Si bien, nos previene que muy habitualmente “la identificación de los adversarios de la democracia, con unas fuerzas progresistas, legitimas, (….) tiende a privar de consideración y a paralizar la acción de los hombres que no quieren más que defender sus instituciones”. Para evitar caer en la parálisis y en el miedo a ser vistos como reaccionarios, por el simple hecho de querer defender la democracia, hay que seguir actuando con firmeza y hablando con caridad.

La manifestación de ayer en Cataluña, organizada desde un poder del Estado (la Generalitat) contra el Estado en su conjunto, se parece demasiado a las de la plaza de Oriente de Franco, con sus altas dosis de nacionalismo y sus enemigos exteriores: el TC, el PP, los españoles. Una manifestación sustentada por un pensamiento único que niega los hechos. Construido por unas élites interesadas en generar su propio espacio de poder territorial, cualquiera que sea su presunta ideología y procedencia. Para poder mangonear con total tranquilidad, sin que se les pueda exigir responsabilidades. Y trasmitido desde hace décadas por un sistema educativo y unos medios de comunicación de partido (en esto muy parecidos a los del resto de España) que han renegado de su principal cometido: educar para la libertad e informar con independencia e imparcialidad.

Han conseguido que los ciudadanos de Cataluña crean como verdad que todos los males de esa comunidad vienen de un enemigo exterior que les acosa. Pongo un ejemplo sencillo, pero muy ilustrativo. Me contaba una amiga de Cataluña que una amiga suya estaba muy enfadada porque Tele 5 no conectaba con Barcelona durante la transmisión de los partidos de la selección española. Pensaba que era por maldad anticatalana. Evidentemente, desconocía que el Ayuntamiento de esa ciudad se había negado a poner pantallas gigantes en la calle, porque lo consideraba una provocación contra Cataluña.

Estos son los hechos a los que tenemos que atenernos: la voluntad de algunos de achicar el espacio político común negando la igualdad de derechos y obligaciones de todos, a lo que llaman construcción nacional de Cataluña. No temamos que nos llamen provocadores. Digamos lo que esos hechos suponen: la destrucción de la democracia por la vía de de la ruptura de la ciudadanía común fundada en la aplicación igual de la Ley a todos. Continuemos hablando con claridad e introduzcamos racionalidad en este mar de confusiones, como hicimos ayer ante el TC. Que las posiciones reaccionarias no nos amilanen. Esta en juego nuestra democracia.

La dignidad como mascarada

Doce periódicos catalanes escribieron la semana pasada la misma editorial. Mucho se ha escrito sobre lo extraordinario de este hecho; desde la transición política, entonces para defender la democracia que se estaba construyendo, no se conocían editoriales conjuntas de la prensa española. No deja de ser, pues, sorprendente esta iniciativa, como asombroso es que su titulo sea la “dignidad de Cataluña”, de la que se convierten en cancerberos para intentar impedir su posible mancillamiento por un ilegítimo Tribunal Constitucional, presto a dictar una sentencia que, según saben, considerará inconstitucional algunas de las partes esenciales del nuevo Estatuto de Cataluña.

Sin embargo, no hay sorpresa, y se comprende con facilidad esa editorial, cuando no se ignora que con ella se están apurando las últimas oportunidades para presionar al Tribunal Constitucional. La prensa catalana, de nuevo, ha servido al poder político de su tierra para intentar dar verosimilitud a un futuro levantamiento popular, con el que conscientemente han venido amenazado los partidos catalanes y el gobierno de la Generalitat en los últimos meses. Ya que, a falta de manifestaciones masivas premonitorias de la deseada rebelión del pueblo de Cataluña, nada mejor que la teatralización periodística de las posiciones del catalanismo, para ver si los magistrados del Constitucional y algún incauto de “Madrid” se creen la amenaza de la insurrección, ceden a sus presiones, y acaban dictando una sentencia de su provecho.

Porque en el fondo saben que la vida continuará igual, aunque ese denostado Tribunal considere que Cataluña no puede ser una nación o que la bilateralidad no es propia de un estado cuasifederal, como el nuestro. Los ciudadanos de Cataluña seguirán preocupados por la crisis económica y el continuado descenso de su nivel de vida, educativo, etc., que es lo que de verdad afecta a su dignidad. Y los partidos catalanes, hasta el que más reniega de España, aunque la abstención y la desafección publica hacia ellos siga aumentando, seguirán repartiéndose el mismo número de sillas del parlamento de Cataluña y el mismo número de puestos en sus administraciones.

Con la sentencia del Constitucional no está en juego la dignidad de nada, ni de nadie. El Tribunal cumple con ella su obligación de controlar la constitucionalidad de todas las leyes, aunque sea tarde y bajo grandes presiones del gobierno. Si está, en cambio, en juego la dignidad de la prensa catalana, que ha aceptado acríticamente ponerse al servicio del principal dogma del poder en esa Comunidad Autónoma: la presunta unanimidad de los ciudadanos entorno al catalanismo. Porque con su editorial ha renunciado a su función esencial de informar sobre los hechos y servir de medio de control del poder, para convertirse en altavoz de los intereses de un grupo de políticos que irresponsablemente nos han metido a todos en un berenjenal de difícil solución.

Prácticas, por cierto, que sólo suelen suceder en las sociedades donde la libertad está muy limitada o es inexistente, donde el poder decide lo que es correcto. Lo cual quizás nos diga que, en Cataluña, el falso dogma de la unanimidad catalanista, que ciega voluntariamente la inteligencia de los servidores públicos y les impide ver la pluralidad de la sociedad catalana y su real integración en la española, no es más que un instrumento para limitar la libertad de sus ciudadanos y dirigirlos mediante un señuelo al sueño de todo nacionalista: la nación homogénea.

Aún se está a tiempo de corregir el rumbo que ha tomado la política catalana y por ende la española, pero para ello hace falta que los partidos políticos nacionales tenga una propuesta de modelo de estado que vaya más allá del pacto coyuntural que les exige el acuerdo con los nacionalistas o de la última ocurrencia del presidente de turno (no se olvide que sin las de Zapatero no habría este follón). Para superar esta incierta situación, quizás ha llegado el momento de proponer para España un modelo federal, con un estado fuerte, en el que todas las comunidades tengan las mismas competencias, dirigido a conseguir la máxima igualdad y libertad de los ciudadanos.

A un escaño

En el diario de Barcelona “La Vanguardia” de hoy aparece una encuesta donde dicen que UPyD podría multiplicar por cuatro su resultado en escaños en el Congreso de los Diputados y que tendría más de un cuatro por ciento en intención de voto. Es sin duda una buena noticia. Como lo es, que por fin se constate que los ciudadanos españoles pasan factura, aunque sea en un sondeo de opinión,  a un gobierno y a un presidente que están demostrando falta de criterio, exceso de retórica y ausencia de decisión para hacer frente a la crisis política, social y económica más grave de España de los últimas décadas.

La encuesta dice que de haber elecciones los socialistas perderían más de 18 escaños y muchos millones de votos y que el PP rondaría los 170 escaños aunque no aumentaría en votos, simplemente mantendrían los que tienen. También que los ciudadanos consideran un desastre tanto la labor de gobierno como la de la oposición.  Si el PP llega al gobierno, será por implosión de quién lo mal ejerce, no por merítos propios.  Ese partido, para desgracis de ellos y de todos, hace virtud de no hacer nada.

Aunque lo peor es que, de confirmarse la encuesta, el PP tendría que gobernar con una CIU que, a pesar de perder escaños y votos y de tener un porcentaje de apoyo inferior a UPyD e IU, sería decisiva para que tuviera mayoría en el Congreso. Ahora, en estás condiciones, ¿cuál sería el cambio real que necesita el país? Ninguno. No habrá ni una sóla de las reformas claves: en la Ley electoral, en la Constitución, en la justicia, en la educacón.

Si queremos esas reformas, hemos de seguir trabajando, para que en la próxima encuesta nos den grupo parlamentario propio. ¡Ya sólo estamos a un escaño!

Un apunte final sobre Cataluña.

En la encuesta no preguntan por Rosa Diez. Les dará miedo verla como la más valorada de los líderes políticos. Pero claro, qué otra cosa se puede esperar de un periódico que sigue llamándonos neocentralistas: será que no se han leído la ponencia política que va a ir al congreso  en la que se defiende un estado federal. Aunque quizás es posible que sepan que defendemos la igualdad de todos los españoles cualquiera que sea el luegar donde vivan, incluso en Cataluña. Pero que no les convenga decirlo no vaya a ser que muchos de los que viven en allí se den cuenta de que con una política que defienda la igualdad, en lugar del hágase en cada sitio lo que a uno le de la gana y en Cataluña aún peor, podría irles mucho mejor en su vida cotidiana.

Viéndolas llegar

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Ayer, asistimos a la confirmación de que Zapatero y su gobierno lleva años en su relación con Cataluñaviéndolas venir”. Lo que empezó con un Estatuto, que estaban convencidos sería una pequeña reforma, que todo lo más retocaría las paredes de un edificio ya terminado, pero que ha acabado convirtiéndose en una reforma confederal del Estado que todavía sigue.

Y continuó con la repetición del tripartito, por decisión del PSC y Montilla –a pesar de su descenso electoral-, lo que les está acarreado un agónico momento parlamentario, en el que cualquier propuesta en el Congreso la tienen que negociar in extremis, con el resultado que sea, para evitar perder una votación. Ha terminado con la foto de la reunión bilateral de Estado entre el vicepresidente tercero de España y el “president de la Generalitat” de Cataluña, para decidir, entre ellos solos, cuanto dinero de todos les toca a unos. En fin, era algo cantado. Si no existe iniciativa, ceder es cuestión de tiempo. Al PSOE no le queda otra, si quiere mantener su interesada amistad con el PSC y pactar con CIU para evitar un, en otro caso, inevitable adelanto electoral. Seguiremos viéndolas llegar, porque Zapatero y los suyos siguen a verlas venir. Preparémonos, porque no ha hecho más que empezar.