El colapso de la Administración pública

Este verano, me comentaba una amiga con importantes responsabilidades en la función pública el profundo desánimo que se había instalado entre los funcionarios públicos; sobre todo, entre aquellos con funciones de dirección, que veían cómo el Gobierno actuaba de forma incapaz: demonizándolos y culpándolos a ellos de todos los problemas, y con medidas cortoplacistas; muchas, dirigidas contra los propios funcionarios, imposibles de mantener en el tiempo y sobre todo, inútiles para salir de la crisis.

Me comentaba también el desconocimiento profundo que de los funcionarios y su trabajo tenía el nuevo equipo de Gobierno; sobre todo, Montoro y Beteta –secretario de Estado de las Administraciones Públicas-, quienes, en su visión sectaria del mundo, eran incapaces de entender que los funcionarios están al servicio del poder democrático elegido y que trabajan con profesionalidad, objetividad y voluntad de servicio público. Que trabajan por igual para un ministro u otro, sea del partido que sea.

Y se preguntaba con amargura de qué servía en esta época quedarse hasta las diez de la noche esperando que el ministro o su gabinete llamaran para pedir un dato o resolver un problema, si no lo hacían, ya que sólo confiaban en sus enchufados y colocados, en la Administración pública paralela que habían creado en cada ministerio desde sus gabinetes con gente muy del partido, pero en general poco capaz y profesional. Para ella, España no podía afrontar sus problemas con una clase política poco formada habitualmente y con el único incentivo de mantener sus puestos y distribuir los de la Administración entre su gente. Dispuestos a arrasar con todo antes de perder sus privilegios.

Esta historia se repite cada vez que tienes la oportunidad de hablar con un funcionario; en mi caso, muchos de ellos, amigos, dado mi trabajo como Letrado de la Seguridad Social. Gente que ha votado a distintos partidos, unos cuantos de los cuales confiaban en que el PP actuaría de forma muy diferente, ya que esperaban que tuviera un proyecto de país. Como me decían, si hace falta sacrificarse, perder la paga extra o reducir el salario, se hace; pero si hay un objetivo de país y si además ves que quienes nos gobiernan actúan con dignidad y sin parapetarse en sus prebendas.

Este estado de ánimo parece general en la función pública. Y es que los hechos son crudos. A la rebaja salarial y la supresión de la paga extra de diciembre se va a unir el próximo año la supresión de la paga extra de julio –en el presupuesto que se está elaborando no aparece incluida-, además de un recorte de la mal llamada “productividad”, ya que lo que remunera es el puesto de trabajo desde hace años de forma consolidada. Ambas rebajas van a afectar sobre todo a los funcionarios más cualificados, que podrían ver disminuido su sueldo en más de un 30% sobre las rebajas ya producidas. Para compensar, parece que están dispuestos a facilitar la compatibilidad con actividades privadas, a pesar del riesgo de conflicto de interés que ello implica.

Por otra parte, este Gobierno está estudiando que las vacaciones se reduzcan a tres semanas pagadas al 80% del salario o incluso a una sola semana pagada. Medida que al parecer afectaría a todos los trabajadores.

Mientras, ese mismo Gobierno defiende con uñas y dientes el entramado político e institucional que tanto le beneficia, aunque sea el causante de los perores males del país. Por eso, Montoro desplazaba a una funcionaría de su gabinete a otro puesto para colocar a una del PP como cargo de confianza, justo en los días que decía que no había dinero para pagar a los funcionarios. Por eso, se pueden aprobar para gabinetes de determinados ministerios gratificaciones especiales que sustituyan la paga extra suprimida. Por eso, en la Asamblea de Madrid se pueden permitir crear seis plazas nuevas en julio y añadir un nuevo eventual en septiembre. Por eso, el alcalde de Alcalá coloca como jefe de gabinete al hijo de un antiguo alcalde del PP de Las Rozas o el alcalde de Alcorcón, un “cachorro” de Aguirre, puede tener más de 40 cargos de confianza.

España se encamina hacia la consolidación de una Administración paralela a la profesional formada por los colocados del partido gobernante, por el simple hecho de ser afines al mismo, cualquiera que sea su cualificación. En la que los funcionarios profesionales con funciones directivas serán mal pagados y relegados a labores secundarias, lo que conducirá a la renuncia de muchos de ellos y a la selección de peores candidatos. Por tanto, a una Administración que renuncia al principio de mérito y capacidad para seleccionar al personal, así como al principio de objetividad y servicio público para actuar. Una Administración ajena al principio de neutralidad política; o sea, a una Administración de patronazgo. Retrocederemos hasta los años 50 del siglo pasado o aún peor, porque va a incrementarse todavía más la confusión entre lo público y lo privado. Por tanto, una mala Administración al servicio de quienes tienen relaciones con el poder, de los conseguidores y amigos.

Hay quien se pregunta cómo hemos llegado hasta aquí. Pues bien, basta responder a la pregunta ¿cui bono? para entender por qué estamos cayendo tan abruptamente por el precipicio. El PP y el PSOE tienen tantos intereses que defender, que lo último es el interés del país, pues su defensa les dejaría a ellos, a los suyos, y a quienes desde los medios de comunicación y empresas les apoyan para beneficiarse, fuera de las instituciones que han ocupado y de los beneficios que reparten.

La situación es de máxima gravedad. Cada vez es más evidente que tenemos un Estado inviable y que los dos viejos partidos son parte de ese problema. El actual  sistema institucional ha colapsado. No podemos esperar más. La solución no vendrá por inmisericordes recortes que ajusten el gasto público para contentar a Merkel. La solución de nuestro país exige nuevas instituciones que generen incentivos adecuados. Hace falta un nuevo tiempo constituyente que nos acerque a las prácticas de gobierno de los mejores países. La realidad lo exige.

El vaivén de los salarios de los funcionarios de Madrid: Un ejemplo más del desgobierno de Esperanza Aguirre

El Gobierno de Esperanza Aguirre ha dejado sin efecto en su último Consejo de Gobierno la rebaja de salarios a los empleados públicos de la Comunidad, aprobada hace menos de un mes por Ley en la Asamblea. Una medida razonable, ya que la supresión de la paga extra aprobada por el Estado posteriormente, de obligado cumplimiento para todas las administraciones, suponía para los empleados públicos de Madrid una pérdida de un 7% de su salario en términos anuales.

Una cuantía superior a la que se pretendía ahorrar con la Ley autonómica, que era una media de un 3,3% de la masa salarial, y solo a partir de la nomina de julio. De haberse mantenido ambas rebajas, los empleados de la Comunidad hubieran visto rebajado su salario en un 10% de media. Una cuantía muy considerable.

Esta decisión del Gobierno autonómico no se ha tomado, como las de otros, a los pocos día de la decisión del Estado, sino que se ha ha adoptado días después de que UPyD presentara una propuesta en la Asamblea pidiendo la anulación de la reducción salarial, que estamos seguros ha tenido una influencia decisiva. Aunque sea hacer un juicio de intenciones, sin esa propuesta es posible que hubieran mantenido ambas rebajas en las nóminas de sus trabajadores, para así hacer el ajuste esencial vía salarios y no tener que acometer las reformas que Madrid requiere. Una decisión que no hubiera hecho falta, si hubieran aceptado la enmienda de UPyD a su Ley, en la que proponíamos que la rebaja de los salarios estuviera condicionada a las decisiones, ya fácilmente esperables, que tomará el Gobierno central sobre salarios de los funcionarios.

Estos hechos vuelven a poner de manifiesto el desastre de funcionamiento de nuestro sistema autonómico, donde cada uno va a lo suyo con escasa y nula coordinación. El primer responsable es el Gobierno central, incapaz de tener un proyecto claro, lo que hace que cada día vaya dando tumbos de una medida a otra y proponiendo aquello que negó el día anterior. Este Gobierno debería tener una idea clara de cómo debería ser el marco retributivo común de los empleados públicos de las administraciones de España, para que si hace ajustes, estos estén coordinados con los de las comunidades autónomas. Evitando que estas aprueben normas que deben derogar días después o que por la falta de políticas comunes, cada una termine teniendo sistemas salariales muy divergentes. Lo que genera desigualdades entre sus trabajadores y muchas ineficiencias en los servicios públicos.

Las comunidades también tienen sus responsabilidades, ya que han hecho crecer el empleo público muy por encima de sus posibilidades financieras; en muchas ocasiones, para tareas burocráticas, órganos innecesarios y seleccionándolos sin  criterios de mérito y capacidad. Y ahora se ven incapaces de acometer las reformas imprescindibles y sólo saben hacer recortes lineales que afectan por igual a los trabajares productivos que a los que no lo son y que acaban premiando la mediocridad y castigando la calidad del servicio público.

La Comunidad de Madrid es un caso paradigmático de desgobierno. Sus medidas de función pública son todas lineales: congelación o reducción de salarios, aumento de la jornada, supresión de la mejora voluntaria, congelación casi indiscriminada de la oferta pública de empleo, etc. Ni una medida está pensada para la mejora de la calidad del servicio, el establecimiento de incentivos para el incremento de la productividad o la reasignación de efectivos hacia funciones más esenciales. Lo peor es que cuando desde UPyD hemos hecho estas propuestas, siempre han votado en contra.

Ellos prefieren aprobar normas que dejan sin vigor a las pocas semanas, porque las incumplen -como la de presupuestos para 2012- o porque las derogan -como la Ley de modificación de presupuestos, cuyo objetivo principal era bajar el salario a los funcionarios-. Una Ley que, además, se llenó -en mal técnica legislativa- de propaganda, para tapar esa rebaja: la supuesta reducción de diputados -que exige una ley especial- o la supresión de las subvenciones a los partidos políticos, que no dan, mientras mantienen las de las fundaciones, que sí que dan.

Qué se puede esperar de un país gobernado de esta manera, en el que Cataluña y Andalucía pueden incumplir con sus mínimas obligaciones institucionales sin que pase nada, en el que cada uno campa a sus anchas y en el que quien tiene que gobernar no sabe a dónde va. Se puede esperar poco. De ahí que sea entendible que las instituciones europeas no se fíen y nos estén presionando, para que solicitemos el rescate completo de la economía. Cuando esto suceda, veremos que, para que el país tenga una senda común, acaba aplicándose el artículo 155 de la Constitución a todas las comunidades autónomas.

Hechos excepcionales exigen medidas constitucionales especiales. Ya lo pidió el otro día Rosa Díez en el Congreso.

Acabará haciéndose, confiemos en que no sea demasiado tarde.

ANÉCDOTAS DE UN PAÍS EN DERRIBO: 2. Si fuera alemán y supiera que…

El Gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid presentó una Ley de modificación de sus presupuestos para “ahorrar” 1.000 millones de euros en partidas presupuestarias, cuando llevaba gastados ya más de 1.500 millones en cinco meses sobre las partidas concretas del presupuesto que se aprobó en la Asamblea autonómica en diciembre de 2011 para 2012. Lo que demuestra que las cifras que figuraban en los presupuestos eran ilusorias, que no servían para valorar cuál iba a ser el gasto real y que el recorte acordado con esa Ley en las partidas de presupuestos dudosamente puede ser creíble ya que, visto lo visto, lo pueden volver a modificar al día siguiente de aprobarlo.

Esa misma Ley anuncia que se quitan las subvenciones que la Comunidad da a los partidos políticos, cuando resulta que no da subvenciones a los partidos, sino a las fundaciones de los partidos. Sobre las cuales no hace ninguna referencia. Rechazando, por otra parte, la enmienda que presenta el Grupo UPyD para que las fundaciones de partidos dejen igualmente de recibir subvenciones.

La referida Ley propone reducir el parlamento autonómico a la mitad. Pero lo hace como un mero enunciado propagandístico, ya que esa reforma exige una modificación del Estatuto de Autonomía. Por tanto, la presentación de un proyecto de Ley específico y no su mero enunciado en una Ley cuya aprobación no conllevará la efectividad de la medida.

La introducción de esos artículos, ha servido para dar titulares a la prensa y así intentar tapar las razones de la Ley y las medidas que realmente tendrían vigencia y efectos: la rebajaba del salario a los funcionarios y la creación y subida de muchas tasas; o sea, tributos.

La Comunidad de Madrid no tiene un cuerpo de interventores independientes. Lo que permite entender por qué la desviación del déficit de la Comunidad en más de un punto del PIB regional puede aparecer de repente sin que haya información rigurosa previa. En estos momentos, cualquier funcionario que haga las funciones de interventor y diga algo que no guste al Gobierno regional puede ser cesado, ya que todos los puestos son de libre designación.

La Comunidad de Madrid ha suprimido un organismo: el Defensor del Menor. Y para que quien ocupaba el cargo no tenga que buscarse trabajo, le ha colocado en la “independiente” Cámara de Cuentas de Madrid, a pesar de que no reúne los requisitos legales exigidos por la Ley de la Cámara de Cuentas en su artículo 33. Eso sí, reunía la cualidad de ser una persona muy próxima al PP, para el que ha desempeñado múltiples puestos en diferentes administraciones -consultar su curriculum pinchando aquí-. El PP se opuso en la Mesa a la petición del PSOE de un informe sobre su idoneidad alegando que el PSOE ha colocado a mucha gente que tenía circunstancias similares; lo que reiteró su portavoz en Junta de Portavoces. Ya se sabe: el argumento de callate que tu hiciste lo mismo.

La Mesa de la Asamblea ha decidido que la Comunidad de Madrid no tiene competencia sobre Caja Madrid y por ello, ha impedido cinco iniciativas de UPyD para que se debata en Pleno sobre el mayor fiasco financiero de las últimas décadas de España. Ello a pesar de que el Estatuto de Autonomía de Madrid dice en su artículo 3.1.5 que tiene  competencias sobre “instituciones de crédito corporativo público y territorial. Cajas de Ahorro” y que hay una Ley de Cajas 4/2003, de 11 de marzo, aprobada por la Asamblea de Madrid. Para colmo han pervertido la institución encargando dos informes, uno hecho por el Secretario General de la Asamblea y otro por un letrado, de escaso rigor jurídico, pero que han llegado a la conclusión que interesaba al PP: declarar que la Comunidad no tiene nada que ver con la crisis económico-financiera de Caja Madrid.

La Comunidad de Madrid está reduciendo los interinos –personal funcionario- en educación y sanidad; sin embargo, en la Asamblea de Madrid, a propuesta del PP, se crean seis plazas nuevas para no tener que prescindir de los interinos de la Asamblea, con el único voto en contra de UPyD.

En Tres Cantos, para no aplicar la congelación del salario a los empleados públicos, se aprobó modificar su categoría profesional y así subirles indirectamente el salario. Y ahora tampoco quieren aplicar la Ley del Estado que suprime la paga extra y están buscando fórmulas para bordearla.

Hay más ayuntamientos de Madrid, entre ellos Las Rozas, que están buscando fórmulas como en Tres Cantos para no aplicar la supresión de la paga extra. El propio alcalde de Las Rozas ha dicho al concejal de UPyD que la FEMP (Federación de Municipios y Provincias de España) está pensando encargar un informe para que aquellos ayuntamientos que quieran no tengan que aplicar la supresión de la paga extra.

Podría seguir contando más y más “anécdotas”. Por ejemplo, que el portavoz adjunto del PP en la Asamblea de Madrid, Pedro Muñoz Abrines, en la última Diputación Permanente de este verano nos respondió que plantear un debate este mes sobre si la supresión de la paga extra de los funcionarios se va a sumar a la rebaja de salarios de la Comunidad de Madrid; la posible necesidad de que Madrid acuda al Fondo de liquidez (rescate); la quiebra técnica de Telemadrid; las subidas de tasas en educación, etc. es “pretender resolver un catarro yendo a urgencias”. Que  no hay prisa, que se podrá hablar sobre ello en octubre, en el periodo ordinario de sesiones. Ya en una Diputación anterior nos había dicho que con Caja Madrid sólo queremos hacer historia, que no urge. Lo que urgía era la ley de casitas, que si tuvo su Pleno en el que, para rematar la faena, la consejera de Medio Ambiente del PP le ha dicho a IU que no les acusen de robar, “que ellos tienen mucho que callar”.

Queridos alemanes, europeos varios, esto es lo que hay.

Ahora bien, aún podemos cambiarlo los españoles. Desde UPyD, creemos que  refundando el Estado podemos generar instituciones mejores que nos permitan salir del impás actual.

Trabajaremos por ello.

ANÉCDOTAS DE UN PAIS EN DERRIBO: 1. El Estado autonómico a la virulé

Todos los días se escuchan voces diciendo que el Estado de las autonomías no funciona y que es insostenible e inviable. De hecho, UPyD viene diciendo, desde su nacimiento, que el actual Estado autonómico y su regulación están generando desigualdades entre españoles y creando dificultades para acceder a los servicios esenciales. Pero las palabras abstractas a veces necesitan de un ejemplo práctico para poder ser bien entendidas.

Esta semana, he sufrido -mejor dicho, mi mujer y mi hijo de siete años han sufrido- las consecuencias de este Estado defectuoso en el que sobrevivimos, mientras pasan unos días de sus vacaciones en la playa de Daimuz (Valencia).

Sucedió que a mi hijo, estando en la playa, se le puso un ojo a la virulé hasta dejarle casi sin ver, se le hinchó una de las manos y le salieron ronchones  por ambas piernas. Mi mujer y su hermana, algo asustadas, le llevaron a una farmacia para que le dieran un medicamento que le bajara la inflamación. Pero la farmacéutica, al ver al niño, les recomendó que fueran directamente al médico. Así que, raudos -madre, hermana e hijo- cogieron el coche para ir al centro de salud más cercano. En el que, mala suerte, ¡pobres!, no les atendieron porque faltaban siete minutos para cerrar, indicándoles que fueran al de otra localidad que tuviera un horario más amplio.

Volvieron a coger el coche y se trasladaron a Oliva, que era la localidad que por tamaño, pensaron, podía tener un centro de salud abierto. Claro que no imaginaban que, antes de que el médico pudiera siquiera opinar, en la puerta les indicarían que como no llevaban la tarjeta sanitaria y eran unos desplazados, no les podían atender. Añadiéndoles amablemente que si fueran valencianos, les habría visto el médico sin problemas, porque estarían fichados (sic).

Mi mujer les imploró, les dijo que llamaba a su madre, la abuela del niño, quien podría facilitarles el número de la tarjeta sanitaria, que se la llevaba al día siguiente a primera hora. Todo fue en vano. Insistieron en decirle que como no era valenciana y no había una urgencia vital –vamos, que el niño no estaba muriéndose-, no le atendían. Recriminándole, por otra parte, que hubiera ido a Oliva, cuando por la situación del apartamento, tenían que haber elegido otro centro de salud. Al parecer, por llevar dos días de vacaciones, ya se tiene centro adscrito y obligación de conocerlo.

Menos mal que pasaron por Bellrreguard, donde había otro centro de salud en el que un médico se apiadó de ellos. Un médico “incumplidor” de la Ley que puso a mi hijo una inyección de Urbasón para que se le pasara la inflamación. Eso sí, bajo juramento de que al día siguiente mi mujer llevaría la tarjeta sanitaria que acreditase que era una española de pro con derecho a atención sanitaria. Lo cual, por cierto, ha cumplido religiosamente, no vaya a ser que encima el médico sea despedido.

Quizás no sea justo elevar una anécdota a categoría, pero me ha parecido muy indicativa. Llevamos una semana oyendo al presidente del Gobierno y sus ministros, entre aplausos y algún que otro exabrupto de sus conmilitones, decir que no hay otra elección para salir de la crisis que subir impuestos, reducir el salario de los funcionarios, minorar la prestación de desempleo, quitar ayudas a la dependencia y un largo etcétera de medidas similares. Y cabe preguntarse si estas medidas van a lo “mollar”, como dice Rosa Díez, a los verdaderos problemas de la crisis política e institucional que nos ha  conducido a donde estamos. Esto es: a la necesidad de refundar un Estado para garantizar la igualdad de los ciudadanos y unos servicios eficaces y exigir responsabilidades a quienes nos han conducido aquí. Es evidente que las medidas del Gobierno no se dirigen a resolver esos problemas.

No me extraño. La partitocracia que nos gobierna no quiere renunciar a su ocupación de todas las instituciones ya que, seguramente, eso supondría su harakiri. Por eso, me temo que si no cambiamos, antes que una sanidad sin fronteras interiores para los españoles, constataré que la anécdota es categoría y que ésta permanece.

PD. Para quien este interesado, a mi hijo se le bajó la hinchazón.

Eurovegas o de cómo el dinero de los bancos rescatados puede acabar en un casino

En los últimos días, estamos asistiendo a nuevas informaciones sobre el proyecto de Eurovegas –un complejo de casinos, hoteles y lugares de ocio- que el magnate norteamericano Sheldon Adelson dice querer construir en España. Aunque, al parecer, aún no lo tiene decidido. Un proyecto que promete grandes inversiones y creación de empleo, pero cuyo modelo de negocio no es evidente que vaya a triunfar en España. El cual, por otra parte, es por ahora poco transparente, salvo una única evidencia: la búsqueda del favor del poder político para su implantación.

Lo primero que llama la atención de estas informaciones es la agresividad con la que están compitiendo la Comunidad de Madrid y Cataluña por llevarse el proyecto. Una competitividad muy bien utilizada por los gestores de Las Vegas Sands para conseguir -en una carrera alocada entre ambas comunidades- favores para su proyecto. Favores que consisten en proporcionar terrenos bien situados y baratos, facilitar la construcción en ellos y realizar caras infraestructuras de transporte, etc. Además, siguen insistiendo en conseguir modificaciones legislativas para implantarse en España. Muchas de ellas, de normativa estatal, como la Ley del tabaco aprobada recientemente, que lógicamente nos vinculan a todos los ciudadanos. Por otra parte, quieren que la financiación de su iniciativa se haga en dos terceras partes por bancos; ellos sólo correrían con el riesgo de un tercio.

Pues bien, esta pugna pone de manifiesto gran parte de nuestros problemas políticos. Para empezar, la existencia de un sistema autonómico en el que la cooperación es la excepción y donde la competencia entre comunidades lleva a que cualquier tercero pueda jugar con ellas para sacar mejores condiciones para su proyecto, aun a costa del interés general, y sin que el Estado sea capaz de imponer un mínimo de racionalidad. También refleja la debilidad de ese Estado, que se ve sometido a la presión de los políticos regionales para cambiar Leyes estatales y dar satisfacción a sus intereses locales. Lo que además revela la demagogia de nuestros gobernantes, dispuestos a suspender por intereses privados de cierta gente leyes democráticas de aplicación universal. Por otra parte, enseña que ganarse el favor político es un arma esencial para hacer negocios en España, lo que al final conduce a que se premien decisiones ineficientes frente a otras mejores, pero que no resultan tan espectaculares o tan convenientes políticamente. Y finalmente, indica la irracionalidad de nuestros gobernantes, dispuestos a apoyar aventuras en las que hasta dos tercios de la financiación deben correr a cargo de los mismos bancos que han tenido que ser rescatados con dinero público, y que se hundieron en parte por premiar intereses político-empresariales antes que proyectos empresariales solventes.

En el caso Eurovegas, no se trata de evitar que un determinado empresario invierta en España, se trata simplemente de exigir que si lo hace sea bajo las reglas comunes que deben respetar los demás empresarios y que el riesgo del negocio sea a su cargo y no al de los contribuyentes españoles. Algo bastante obvio. Algo que responde al principio de libertad de empresa, del que tanto hablan algunos, pero que tan poco ejercen. Algo que, por cierto, ya han puesto de manifiesto empresarios españoles, quienes según una noticia de El Confidencial dudan de su viabilidad financiera. Así que, si Adelson cree que hay negocio, que arriesgue su dinero.

En suma, el caso Eurovegas está poniendo de manifiesto nuevamente que nuestras instituciones no funcionan adecuadamente y que sólo una reforma decidida de ellas podrá evitar que sigamos bailando al compás de ilusionistas. Crecer, crear empleo, no es tarea sencilla. No podemos dejarnos llevar por la riqueza fácil. Normalmente, se acaba mal.

 

 

¿Quiere ganar más que el presidente del gobierno? ¡Hágase alcalde!

El Grupo Parlamentario Unión Progreso y Democracia en la Asamblea de Madrid llevó para su debate en Pleno una Proposición No de Ley en la que se pedía la regulación de los salarios de los alcaldes y concejales de España, para su racionalización y homogeneización; que fueran públicos y transparentes; y que fueran incompatibles con la percepción de otras retribuciones por el ejercicio de cargo público electo distinto, como el de diputado. Esta propuesta mereció el voto en contra de los otros tres partidos de la Cámara: PP, PSOE e IU, quienes se jaleaban y aplaudían sus intervenciones mutuamente, descalificando la propuesta de UPyD.

La razón de la iniciativa de UPyD parte de la sorpresa que tuvimos como grupo político cuando fuimos conociendo las retribuciones de los diferentes alcaldes y concejales de los municipios en los que teníamos representación, tanto en Madrid como en el resto de España. No era fácil dar crédito a que en muchos de los principales municipios de Madrid y de España los alcaldes y concejales ganaran más que el presidente del gobierno –quien gana 78.000€-, que las retribuciones se establecieran de forma arbitraria, ajena a cualquier mínimo criterio racional, y que muchos de ellos compatibilizaran esa condición con otros cargos públicos. Vean la tabla.

 

Igual de arbitrarios que los sueldos de los alcaldes son los de los concejales de la oposición, el número de cargos de confianza del equipo de gobierno o el número de trabajadores que cada grupo político puede tener en un municipio, así como su asignación económica y el control de esta. Todo ello depende de las decisiones de la mayoría del Pleno, y en general, del alcalde. Así por ejemplo, en Arganda del Rey, en 2007, todos los grupos del Ayuntamiento (PP, PSOE e IU) pactaron un protocolo por el que se ponían las siguientes retribuciones por no mencionar el conocido caso del Ayuntamiento de Madrid con sus coches oficiales y guardaespaldas para cada concejal, que solo se conoció y acabó cuando UPyD lo denunció.

Por otra parte, muchos alcaldes, concejales y ex están como consejeros generales en las asambleas generales de las cajas de ahorro; así, en Caja Madrid, tenemos a Ana Botella (PP), David Pérez (PP) , Enrique Cascallana (PSOE), Manuel Cobo (PP), Noelia Martínez (PSOE), José Folgado (PP), María Victoria Morenos Sanfrutos, José Antonio Moral Santín (IU) y un largo etc. Todos ellos siguen en Caja Madrid. Y de ninguno se ha oído que haya dimitido después del mayor desfalco que ha sufrido la democracia española o que haya hecho crítica de la nefasta gestión que ha llevado a la intervención de nuestra economía. Sin embargo, no dejan de cobrar sus dietas. En el año 2010, en el que se aprobó todo el proceso de fusión fría con el resto de Cajas para crear Bankia, cobraron por “dietas” más de 6750€ y en el año 2011 más de 4000€. Este año seguirán cobrando.

Estas arbitrariedades permiten a los alcaldes repartir sueldos, puestos y prebendas entre los suyos, creándose su corte de acólitos. Al tiempo que les dan instrumentos para acallar a la oposición, bien agasajándola con salarios altos y remuneraciones en especie, o bien quitándole los recursos necesarios para hacer oposición, si se pasan en sus críticas. Además, con la compatibilidad de cargos electos, como el de alcalde y diputado, se garantizan acumular poder y retribuciones, lo que les refuerza dentro de su organización partidista. Lo que por otra parte conviene a los máximos dirigentes del partido, que son quienes deciden, moviéndoles como peones, quién se presenta a cada alcaldía –aunque no hayan vivido antes ni un mes en la población por la que se presentan-, quién compatibiliza cargos electos o quién va a las cajas de ahorros para complementar sus retribuciones. De esta forma, los dirigentes consiguen lealtades personales y que no se cuestione su posición. Ya que pase lo que pase, por miedo a perder su situación privilegiada, nadie les va a cuestionar. Así, todos al final son responsables de todo; esto es, irresponsables por todo. El caso de Caja Madrid es el ejemplo perfecto.

Estos hechos y sus consecuencias son posibles porque las Leyes que regulan nuestras instituciones locales y autonómicas lo permiten. Niell Ferguson, en su libro Civilización, occidente y el resto, explica cómo fue un adecuado diseño institucional el que permitió el éxito de Europa a partir de 1500; y en otro interesante libro de Daron Acemoglu y James RobisoWhy, Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty, se insiste en la misma idea. Pues bien, en España parte de nuestro fracaso actual se debe a un diseño institucional inadecuado. Estas instituciones fallidas han creado y perpetuado una élite política –y empresarial, que vive de lo público- que se ha constituido en una partitocracia interesada en el sostenimiento de sus privilegios y no en la realización de cambios que cuestionen su estatus quo, aunque estos sean beneficiosos para los ciudadanos. De esta forma se puede entender que después de más de 20 Reales Decretos Leyes ninguno haya aprobado una norma que nos imponga sacrificios a los cargos electos -entre ellas, la racionalización de los salarios de alcaldes y concejales-, mientras sí se han impuesto a los ciudadanos.

Para romper esta partitocracia, hay que cambiar las leyes y establecer incentivos adecuados para que quienes ocupan un cargo público se dediquen menos a defender sus sueldos y más el interés ciudadano. Esto exige una modificación de la Ley estatal de Bases de Régimen Local que regule los salarios de los alcaldes y concejales, los medios materiales de la oposición, la transparencia de sus retribuciones, la incompatibilidad de retribuciones cuando se acumulen varios cargos públicos electos  -esta última propuesta, esencial para que disminuya el incentivo de mal dedicarse a dos cosas al tiempo acumulando un exceso de poder, fue la que más molestó al PP – y una reforma de la Ley Electoral. UPyD continuará llevando estas iniciativas a las instituciones, y algún día triunfarán porque son imprescindibles para que nuestro país salga del marasmo en el que se encuentra.

CODA. La propuesta de UPyD puso de acuerdo al PP, PSOE e IU contra ella. Cuando se trata de retribuciones y del sostenimiento del “régimen”, no tienen desacuerdos. El PP, el PSOE e IU parecen un partido único, en el que sus diferencias ideológicas fueran una mera excusa teatral de ocupación de la escena. También se pusieron de acuerdo, ante la falta de argumentos, en realizar descalificaciones personales. Ya dice Schopenhauer en su libro El arte de tener siempre razón que cuando no hay argumentos la única forma de ganar un debate es “volviéndose ofensivo, ultrajante y grosero”.  Eso hicieron.

 

El encubrimiento de la estafa de Caja Madrid-Bankia

La grave situación de BFA (Banco Financiero y de ahorros)-Bankia, con un agujero en sus cuentas superior a 24.000 millones de euros, ha motivado la intervención del Estado a través del FROB y la necesidad de que España haya tenido que pedir a la Unión Europea un rescate de nuestro sistema financiero por hasta 100.000 millones de euros. A día de hoy, nadie ha asumido responsabilidades políticas por estos hechos y no hay voluntad de saber qué es lo que ha pasado para llegar a esta grave situación. Y no  ha sido por ausencia de oportunidades para debatir en las Cortes o en la Asamblea de Madrid.

El Grupo Parlamentario de UPyD en esa Asamblea, propuso en dos ocasiones –antes de la intervención de Bankia- sendas preguntas a la presidenta de la Comunidad, Doña Esperanza Aguirre, sobre la situación de Caja Madrid en relación con Bankia. En las dos ocasiones se nos dijo, por la Mesa de la Asamblea controlada por el PP, que la Comunidad no tenía competencias sobre este asunto, por lo que se nos denegó la posibilidad de hacer la pregunta. Ello a pesar de que Caja Madrid controla el 52% de BFA, que ha nombrado a 11 de los miembros de su Consejo de Administración y que cada Caja, por acuerdos firmados con BFA en abril de 2011, continuaba prestando servicios de seguimiento y cooperación relativos a la gestión del negocio bancario minorista en su territorio natural, así como en la gestión del uso de la marca de cada Caja. Sin olvidar lo más importante: que los órganos de esas cajas están trufados de políticos elegidos por los partidos en proporción a su representación en diversas instituciones.

Tras la intervención de Bankia, UPyD pidió la creación de una Comisión de Investigación en la Asamblea sobre Caja Madrid -con el apoyo en este caso del PSOE e IU-,  para conocer cómo la gestión de esa entidad previa a la fusión con las demás Cajas había determinado la quiebra de Bankia y las razones por las que la Comunidad Autónoma a través de su consejero de economía, el señor Beteta (ahora Secretario de Estado de Administraciones Públicas), había autorizado la fusión con las otras Cajas para crear BFA. De nuevo, volvimos a recibir la misma respuesta negativa. Esta vez, apoyada en un informe ad hoc del Secretario General de la Asamblea en el que se dice, entre otros flojos argumentos, que la Comunidad de Madrid no ostenta competencias significativas sobre Caja Madrid, ya que las facultades que le atribuye la propia Ley de Cajas de la Comunidad de Madrid 4/2003 y sus sucesivas modificaciones, no son “suficientes para garantizar una supervisión por su parte de la situación de Caja Madrid en el momento de la creación” de BFA. A pesar de que la Ley atribuye al Gobierno regional competencias de supervisión, investigación y control de la actividad económico-financiera y benéfico-social y aunque, como hemos dicho, la propia Comunidad de Madrid autorizó, a través de su consejero de economía, la integración de Caja Madrid en BFA y que es un hecho de notorio conocimiento que el presidente de Caja Madrid fue la persona propuesta por Doña Esperanza Aguirre, que es quien acabó, además, siendo el Presidente de BFA y Bankia.

Inmediatamente después, presentamos la solicitud de una interpelación al Gobierno para que nos explicaran su política general sobre la exigencia de responsabilidades frente a los administradores de las cajas con domicilio social en Madrid. Y en este caso, nos contestó el propio presidente de la Mesa en Junta de Portavoces diciendo, según el acta de la reunión de 5 de junio de 2012, que “no fue admitida por la Mesa por no corresponderse con una cuestión de política general de la Comunidad de Madrid”. Otro tanto acaba de ocurrir esta semana con una nueva iniciativa que hemos presentado para que el Gobierno de la Comunidad de Madrid sancione a los gestores de Caja Madrid administrativamente, les exija que respondan con sus patrimonios del desfalco de la Caja y que envíe a la fiscalía todos los datos que conozca que puedan ser delictivos. La han vuelto a rechazar en la Mesa, pidiendo en este caso un nuevo informe jurídico, pero impidiendo en todo que se pueda ya debatir antes de octubre. Siguiendo prácticas de filibusterismo parlamentario.

Como se puede ver, la Comunidad de Madrid y su gobierno, a juicio del PP, no tienen nada que ver con Caja Madrid. Ellos simplemente pasaban por allí. Parecen creer que podemos olvidarnos de aquellas declaraciones de Aguirre en las que decía “hemos tenido la inmensa suerte de darle un puesto a IU quitándoselo al ‘hijoputa’”, refiriéndose a un puesto en Caja Madrid para ganar su guerra en la batalla con Gallardón por el control de aquella; y de que la han puesto a su servicio con créditos y nombramientos.

Pues va a ser que no. Que vamos a continuar hasta el final para destapar la estafa de Caja Madrid-Bankia y dirimir las responsabilidades políticas, administrativas, patrimoniales y penales que puedan deducirse. Para empezar, en la Audiencia Nacional, cegada la vía parlamentaria, UPyD ha presentado una querella por varios delitos frente al Consejo de Administración de BFA-Bankia. No permitiremos que quienes han hundido este país se vayan de rositas.