ANÉCDOTAS DE UN PAIS EN DERRIBO: 1. El Estado autonómico a la virulé

Todos los días se escuchan voces diciendo que el Estado de las autonomías no funciona y que es insostenible e inviable. De hecho, UPyD viene diciendo, desde su nacimiento, que el actual Estado autonómico y su regulación están generando desigualdades entre españoles y creando dificultades para acceder a los servicios esenciales. Pero las palabras abstractas a veces necesitan de un ejemplo práctico para poder ser bien entendidas.

Esta semana, he sufrido -mejor dicho, mi mujer y mi hijo de siete años han sufrido- las consecuencias de este Estado defectuoso en el que sobrevivimos, mientras pasan unos días de sus vacaciones en la playa de Daimuz (Valencia).

Sucedió que a mi hijo, estando en la playa, se le puso un ojo a la virulé hasta dejarle casi sin ver, se le hinchó una de las manos y le salieron ronchones  por ambas piernas. Mi mujer y su hermana, algo asustadas, le llevaron a una farmacia para que le dieran un medicamento que le bajara la inflamación. Pero la farmacéutica, al ver al niño, les recomendó que fueran directamente al médico. Así que, raudos -madre, hermana e hijo- cogieron el coche para ir al centro de salud más cercano. En el que, mala suerte, ¡pobres!, no les atendieron porque faltaban siete minutos para cerrar, indicándoles que fueran al de otra localidad que tuviera un horario más amplio.

Volvieron a coger el coche y se trasladaron a Oliva, que era la localidad que por tamaño, pensaron, podía tener un centro de salud abierto. Claro que no imaginaban que, antes de que el médico pudiera siquiera opinar, en la puerta les indicarían que como no llevaban la tarjeta sanitaria y eran unos desplazados, no les podían atender. Añadiéndoles amablemente que si fueran valencianos, les habría visto el médico sin problemas, porque estarían fichados (sic).

Mi mujer les imploró, les dijo que llamaba a su madre, la abuela del niño, quien podría facilitarles el número de la tarjeta sanitaria, que se la llevaba al día siguiente a primera hora. Todo fue en vano. Insistieron en decirle que como no era valenciana y no había una urgencia vital –vamos, que el niño no estaba muriéndose-, no le atendían. Recriminándole, por otra parte, que hubiera ido a Oliva, cuando por la situación del apartamento, tenían que haber elegido otro centro de salud. Al parecer, por llevar dos días de vacaciones, ya se tiene centro adscrito y obligación de conocerlo.

Menos mal que pasaron por Bellrreguard, donde había otro centro de salud en el que un médico se apiadó de ellos. Un médico “incumplidor” de la Ley que puso a mi hijo una inyección de Urbasón para que se le pasara la inflamación. Eso sí, bajo juramento de que al día siguiente mi mujer llevaría la tarjeta sanitaria que acreditase que era una española de pro con derecho a atención sanitaria. Lo cual, por cierto, ha cumplido religiosamente, no vaya a ser que encima el médico sea despedido.

Quizás no sea justo elevar una anécdota a categoría, pero me ha parecido muy indicativa. Llevamos una semana oyendo al presidente del Gobierno y sus ministros, entre aplausos y algún que otro exabrupto de sus conmilitones, decir que no hay otra elección para salir de la crisis que subir impuestos, reducir el salario de los funcionarios, minorar la prestación de desempleo, quitar ayudas a la dependencia y un largo etcétera de medidas similares. Y cabe preguntarse si estas medidas van a lo “mollar”, como dice Rosa Díez, a los verdaderos problemas de la crisis política e institucional que nos ha  conducido a donde estamos. Esto es: a la necesidad de refundar un Estado para garantizar la igualdad de los ciudadanos y unos servicios eficaces y exigir responsabilidades a quienes nos han conducido aquí. Es evidente que las medidas del Gobierno no se dirigen a resolver esos problemas.

No me extraño. La partitocracia que nos gobierna no quiere renunciar a su ocupación de todas las instituciones ya que, seguramente, eso supondría su harakiri. Por eso, me temo que si no cambiamos, antes que una sanidad sin fronteras interiores para los españoles, constataré que la anécdota es categoría y que ésta permanece.

PD. Para quien este interesado, a mi hijo se le bajó la hinchazón.

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5 pensamientos en “ANÉCDOTAS DE UN PAIS EN DERRIBO: 1. El Estado autonómico a la virulé

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  2. mientras no le demos una vuelta a la estructura del Estado como a un calcetín no saldremos de esto, y si el Gobierno no lo hace nos van a obligar a hacerlo, no hay más que echar un vistazo a la prensa económica extranjera. Pero el PPSOE, los nacionalistas e IU no quieren acabar con su machito y su cortijo.

  3. Le comprendo muy bien.
    ¿Quiere otra? si me pasa eso a mí, que soy abogado y pago unos miles de euros en impuestos, no me atenderán, porque la sanidad gratuíta y universal -que se sufraga con nuestros impuestos y desde luego, los míos- se empeña en confundir la asistencia sanitaria con la afiliación a un régimen general de la S Social.

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